Lecturas para Ejercicios Espirituales

CÁNTICO DE LAS CRIATURAS DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

 (Versión de León Felipe – usada en la Liturgia de las Horas)

 

Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor,

tuyas son la alabanza, la gloria y el honor,

tan solo tú eres digno de toda bendición

y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.

 

Loado seas por toda criatura, mi Señor,

y en especial loado por el hermano sol,

que alumbra y abre el día y es bello en su esplendor

y lleva por los cielos noticias de su autor.

 

Y por la hermana luna, de blanca luz menor,

y las estrellas claras que tu poder creó,

tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son

y brillan en los cielos, ¡loado mi Señor!

 

Y por la hermana agua, preciosa en su candor,

que es útil, casta, humilde, ¡loado mi Señor!

Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,

y es fuerte, hermoso, alegre, ¡loado mi Señor!

 

Y por la hermana tierra, que es toda bendición,

la hermana madre tierra, que da en toda ocasión

las hierbas y los frutos y flores de color,

y nos sustenta y rige, ¡loado mi Señor!

 

Y por los que perdonan y aguantan por tu amor

Los males corporales y la tribulación:

¡Felices los que sufren en paz con el dolor,

porque les llega el tiempo de la consolación!

 

Y por la hermana muerte, ¡loado mi Señor!

Ningún viviente escapa a su persecución;

¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!

¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!

 

¡No probarán la muerte de la condenación!

Servidle con ternura y humilde corazón.

Agradeced sus dones, cantad su creación.

Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén

 

 

 PARA ALCANZAR AMOR

 

- Adiós dijo el zorro. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

- Lo esencial es invisible para los ojos - repitió el principito para no olvidarlo.

- Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

- Es el tiempo que yo he perdido con ella... - repitió el principito para recordarlo.

- Los hombres han olvidado esta verdad - dijo el zorro - pero tú no debes olvidarla.

- Cada uno es responsable para siempre de aquello que ha domesticado. Tú eres responsable de tu rosa...

- Yo soy responsable de mi rosa... - repitió el principito a fin de recordarlo.

                                                                                                         (Antoine de Saint-Exupéry – El Principito)

 
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