Lecturas para Ejercicios Espirituales |
BANDERASPor: Pedro Arrupe S.J. Exigencia de vivir con claridad"El hombre mira a las apariencias, pero Dios mira en el corazón” (cfr. 1 Sam). La condena explícita de todo cuanto es sólo apariencia y el énfasis en los valores auténticos, del “corazón”, me recuerdan algo que tiene especiales características ignacianas: se trata de la exigencia de una absoluta claridad, de una cristalina lealtad que debe guiar cada actitud, cada relación con los hermanos; esto es lo que engendra la verdadera confianza mutua, base insustituible para una vida propia de la Compañía. (Elegidos por el Señor: una homilía a Novicios - 18.01.72).
Actitud de servir La idea de servicio es clave en el carisma de Ignacio. Una idea cuya capacidad motriz obtiene en la vida y espiritualidad de Ignacio -incluso en su vertiente mística- una realización total: servicio incondicional e ilimitado, magnánimo y humilde (...). Con la inevitabilidad con que una idea fuertemente poseía se traduce en hechos y se comunica a los íntimos, Ignacio trasmite a sus primeros compañeros esta mística de servicio.
(En el “servir sólo al Señor y a la Iglesia, su esposa”), expresa Ignacio lo más nuclear de su espíritu, el “principio y principal fundamento” de la Compañía: un servir apostólicamente a Cristo sólo, yendo con El y bajo su bandera, por todo el mundo, a esparcir su divina doctrina. Servicio apostólico de Cristo, que nos inserta en la vida de la Iglesia.
Con ello Ignacio garantiza a la Compañía un perenne dinamismo -el aliento del Espíritu que incita a continua búsqueda- sin apegarse a situación o forma concreta, sopesando siempre lo que se hace con relación a cuanto se podría o debería hacer.
Para mantenernos en esta constante creatividad hemos de volver a ese “principio y principal fundamento”, a la idea de servicio, de incalculable potencial, que no solamente decidió nuestra vocación personal y dirige nuestro apostolado, sino que estructuró fundacionalmente a la Compañía. (Servir sólo al Señor – 18.02.78)
En la escucha del SeñorIgnacio aprendió su ideal de “servicio amoroso” del mismo Cristo Jesús, el gran “Siervo de Yahve”... Servir hasta el sacrificio de la propia vida: esta fue la actitud de Cristo...
Para Ignacio, sin embargo, este programa (servicio total a Cristo y a los hermanos) no es una elección o un programa personal, sino que lo hace en la obediencia a la voluntad divina, como lo hizo Jesús, que encontraba su alimento en hacer la voluntad del Padre, que bajó del cielo no para y hacer su voluntad, sino la del que le envió, que oró en Getsemaní: ‘no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”. Ignacio se esfuerza por conocer perfectamente y seguir con fidelidad la voluntad divina. Él, lo mismo que la Compañía, sólo emprenderán el trabajo después de haber orado intensamente para conocer lo que Dios quiere de cada uno”. (Un hombre para el servicio - 31.07.71)
Coloquio con El SeñorSiempre que me he acercado a Ti y he visto que no tuviste “donde reclinar tu cabeza” y que tuviste por lecho de muerte una cruz, me siento traidor al ver que tengo cada día más, que me siento víctima de una sociedad de consumo y que necesito cada día más cosas. Y sin embargo, “sólo una cosa es necesaria”. Me parece que comienzo a intuir lo que es ser “pobre como Tú”. Sé que la condición de seguirte es dejarlo todo. “El que no deje todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”. Siento que me dices que me despoje de todo y que confíe en Ti. Me pides que me lance a tu Providencia con los ojos cerrados y que todo lo demás se me dará por añadidura, incluso la verdadera eficacia de nuestro apostolado. Que Tú eres la gran seguridad, el gran “seguro” del “inseguro”. Ese salto en el vacío oscuro de la fe es muy difícil y supone confianza ciega. (Coloquio sobre la pobreza - noviembre, 1972) |